Samuín. Las raíces cántabras de Halloween

Samuín. Las raíces cántabras de Halloween

Pocos conocen hoy en día que esta popular fiesta tiene su origen entre los
antiguos pueblos celtas que habitaban nuestra región.

 

Foto: Vivir en Cantabria Oriental

 

 

Un año más, los pueblos de Cantabria se llenan de calabazas y disfraces terroríficos para celebrar Halloween, mientras que como es habitual, surgen muchas voces protestando por la celebración de esta fiesta importada sobre todo de Estados Unidos y nada tradicional en nuestra tierra. Sin embargo, pocos saben que los orígenes ancestrales de esta festividad son más cántabros que americanos. 

El origen celta

Y es que Halloween, cuyo nombre es la contracción del inglés “All Hallows’ evening”, es decir, víspera de Todos los Santos, tiene sus orígenes en la cultura celta. Si, esa misma cultura que habitó durante siglos nuestra tierruca y que tanto influenció a los cántabros, de los que los historiadores no logran ponerse de acuerdo a día de hoy si eran celtas o no.

Los celtas eran un pueblo de costumbres y tradiciones, muchas de las cuales eran comunes ya fuesen celtas de la península ibérica o de las islas británicas. Una de estas costumbres era la de celebrar la Fiesta de la Cosecha, en la que daban gracias a sus dioses por los alimentos recibidos ese año. Esta festividad tenía el nombre de Samhain o Samuín.

Este Samuín se celebraba tras la temporada de cosecha, sin tener un día concreto, aunque se sabe que tenía lugar sobre la luna llena más cercana entre el equinoccio de otoño y el solsticio de invierno, es decir, entre el 5 y el 7 de noviembre. Esta semana de celebración concluía con la fiesta de los espíritus, dando paso al año nuevo celta, ya que su calendario lunar se dividía en dos partes, la mitad oscura, que comenzaba en el mes de Samonios (lunación de octubre o noviembre), y la mitad clara, a partir del mes de Giamonios (lunación de abril o mayo).

Esta fiesta de los espíritus era de gran importancia para estos pueblos, ya que venía a significar una breve unión del mundo de los vivos con el de los muertos y en ella los druidas realizaban ritos en los cuales   se comunicaban con sus antepasados. También se creía que, en esa fecha, los espíritus de los ancestros visitaban sus antiguos hogares.

Para ahuyentar a los malos espíritus, los celtas encendían hogueras y decoraban sus aldeas con huesos y calaveras y se cree que se ensuciaban y pintaban ellos mismos para infundir miedo a estos fantasmas, lo que con los siglos dio origen a las habituales decoraciones y disfraces de Halloween.

Durante el Samuín era costumbre vaciar nabos (aunque posteriormente fueron sustituidos por calabazas en las zonas irlandesas) para ponerles dentro velas. Fueron estos irlandeses quienes siglos después exportaron esta tradición a Estados Unidos en los siglos XIX y XX. Cabe destacar que en Cantabria hay testimonios de gente mayor que recuerda como por las fechas de Todos los Santos sus abuelos vaciaban calabazas y las colocaban velas, lo que atestigua que hasta hace bien poco hubo una reminiscencia de esta costumbre céltica.

Aunque fueron los estadounidenses quienes más han popularizado esta fiesta en los últimos tiempos, en España siempre se han conservado tradiciones relacionas a esta festividad celta en aquellas zonas donde este pueblo habitó, como Galicia, Asturias, Cantabria, en los cuales hay muchos municipios que en los últimos años han tratado de conservar y rescatar estas tradiciones ancestrales, siendo una de las más conocidas “a noite meiga” o “noche bruja”, en Ribadavia. 

La Magosta

Algunos aquí ya estarán torciendo el morro y diciendo – ¡Eso será en Galicia!, Aquí esas tradiciones celtas no llegaron. Nuestras fiestas típicas son otras, etc.-

Si bien es cierto que esa parte esotérica de la fiesta no se mantuvo en Cantabria, sí que se preservó algo de aquellas fiestas del fin de la cosecha, solo que nosotros les dimos otro nombre: la Magosta.

Esta tradición que todos hemos celebrado de niños y en la que recogíamos y asábamos las castañas viene precisamente de esa Fiesta de la Cosecha celta. Durante estas celebraciones era habitual también que los jóvenes de los pueblos fuesen pidiendo castañas por las casas ¿Nos suena de algo esto? 

Del Samuín a Todos los Santos

Para finalizar, ¿Qué tiene que ver esto con nuestra fiesta de Todos los Santos? Se preguntarán muchos. Pues bien, esta fiesta comenzó a celebrarse a partir del año 609, cuando el famoso Panteón de Roma fue convertido en iglesia por el papa Bonifacio IV, pasándose a llamar Iglesia de Todos los Santos y creándose una festividad en su honor en toda la cristiandad.

Esta festividad no tuvo fecha clara hasta que el papa Gregorio IV la unificase en el primero de noviembre, puesto que al igual que sucedía con los celtas, en estas fechas las cosechas romanas ya se habían recogido. También cabe destacar que el cristianismo, al igual que hacía Roma, trataba de situar sus festividades coincidiendo con otras ya existentes de origen pagano, para que de esta forma la gente lo tuviese más fácil a la hora de cambiar su religión pagana por el cristianismo.

En conclusión, está muy bien que cuidemos nuestras tradiciones y no las dejemos de lado en favor de las que nos llegan desde el otro lado del charco, pero también debemos saber poner en valor nuestra cultura y nuestros orígenes, que como en este caso, nos llevan a darnos cuenta de que somos la cuna de tradiciones ancestrales tan importantes como el Samuín, que hasta los estadounidenses nos las han copiado y han sabido explotarlas mejor que nosotros.

Llegamos tarde para decir que nosotros comenzamos la tradición de Halloween, pero siempre nos quedará el saber que un cántabro disfrazado pidió castañas en este día casi dos milenios antes que lo hiciese un estadounidense.

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Hermandad de Campoo de Suso, un viaje nevado al nacimiento del Ebro

Hermandad de Campoo de Suso, un viaje nevado al nacimiento del Ebro

febrero 2, 2025

En esta nueva aventura descubriendo Cantabria, nuestro destino ha sido el municipio campurriano de Hermandad de Campoo de Suso, cuna del río Ebro y el cual hemos podido visitar completamente cubierto de nieve.

Fotos: Vivir en Cantabria Oriental

Enmarcado en la comarca de Campoo-Los Valles, Hermandad de Campoo de Suso es uno de los municipios más grandes de Cantabria, siendo el segundo en extensión, tan solo por detrás de Valderredible y ocupando la práctica totalidad del valle de Híjar, el cual se encuentra rodeado por la Sierra del Cordel, al norte, y la Sierra de Híjar, al sur.

Cabe destacar el Pico Tres Mares, que separa Cantabria de Castilla y en cuya cima (a más de 2.000 metros de altura) se ubica geográficamente en la divisoria de tres cuencas distintas, siendo la única cima española que vierte el agua de sus laderas hacia los tres mares que rodean la Península Ibérica: su ladera oeste llega al Nansa, el cual va a parar al Cantábrico, mientras que su ladera norte desagua a la cuenca del Híjar-Ebro, que desemboca en el Mediterráneo y la cara sur al Pisuerga, que, uniéndose al Duero, desemboca en el Atlántico.

El municipio cuenta con poco más de 1.600 habitantes, los cuales se dividen en pequeños pueblos que, en la mayoría de los casos, no superan los 100 habitantes. Dichas localidades son:     Abiada, Argüeso, Barrio, Brañavieja, Camino, Celada de los Calderones, Entrambasaguas, Espinilla, Fontibre, Hoz de Abiada, Izara, La Lomba, Mazandrero, La Miña, Naveda, Ormas, Paracuelles, Población de Suso, Proaño, Salces, La Serna, Soto, Suano, Villacantid y Villar.

 

Historia

No hay indicios que apunten a la ocupación humana en la actual comarca campurriana durante el Paleolítico Superior, siendo el hallazgo más antiguo en la zona un conjunto megalítico datado en el 4.000 a. C, periodo a partir del cual podemos encontrar restos arqueológicos de los primeros moradores del lugar, principalmente cámaras funerarias y túmulos y los famosos Menhires de Sejos, los cuales pertenecen ya a la Edad de Bronce.

Sería a partir del s. VII d.C, en plena Edad Media, cuando comenzamos a tener más datos sobre los habitantes de la zona, los cuales comenzaron a construir numerosas iglesias, en torno a las cuales surgieron aldeas y pueblos.

Ya en 1475, parte del municipio se unió para formar el Marquesado de Argüeso, concedido por los Reyes Católicos a Diego Hurtado de Mendoza, también duque del Infantado y marqués de Santillana. Sin embargo, los diferentes concejos se federaron en la Hermandad de Campoo de Suso, con el fin de regular las actividades agrarias y ganaderas, aprovechamientos forestales y otros aspectos organizativos.

En 1822, con la formación de los primeros ayuntamientos, las dos jurisdicciones del valle, Campoo de Suso y Argüeso, se unieron y conservaron el viejo nombre de Hermandad de Campoo de Suso, con Espinilla como capital.  Como curiosidad, este nombre de “Hermandad”, que en la Edad Media hacía referencia a la unión de concejos, fue conservado a diferencia de sus vecinos como Campoo de Enmedio o Campoo de Yuso, que, aunque en su momento también fueron hermandades, acabaron por eliminar dicho título al convertirse en municipios.

 

Fontibre

Quizás la localidad más conocida de Hermandad de Campoo de Suso sea Fontibre, famosa por albergar el manantial de las aguas del río Ebro tras su recorrido subterráneo por el monte Guariza, lugar que tradicionalmente se ha considerado como el nacimiento del río Ebro.

Aquí hay que aclarar que, pese a esta creencia de que el Ebro nace en el Pilar de Fontibre, en 1987 se pudo constatar que realmente estas aguas provienen del Híjar, el cual nace en el Pico Tres Mares, como antes expliqué.

 Pese a no ser exactamente el punto de nacimiento del Ebro, Fontibre sigue siendo un pueblo con un gran encanto, casonas de piedra rodeadas por grandes formaciones boscosas de hayas, robres, fresnos y chopos. En medio de esta maravilla paisajística encontramos el parque donde se encuentra la llamada Fuentona de Fontibre, de donde tradicionalmente se creía que surgía el Ebro.

Castillo de Argüeso

En la localidad de Argüeso, tras una pequeña subida entre la nieve hasta un pequeño cerro, nos encontramos con una de las grandes joyas del municipio campurriano, el Castillo de San Vicente.

Esta fortificación medieval fue construida en el s. XIII sobre los restos de una ermita del s. IX  y una necrópolis altomedieval de los siglos IX y X, cuyos restos pueden verse hoy en día en lo que actualmente es el patio de armas del castillo.  La fortaleza perteneció en primer lugar a la Casa de la Vega y posteriormente, tras el matrimonio de doña Leonor de la Vega con Diego Hurtado de Mendoza, pasó al señorío de los Mendoza.

En 1988 se iniciaron las obras de restauración del castillo, gracias a la colaboración del Gobierno de Cantabria y el Ayuntamiento de Hermandad de Campoo de Suso, actual propietario, después de que este fuese donado por Teresa Rábago García en 1962.

En la actualidad, el castillo puede ser visitado y en él se realizan diferentes eventos, desde recreaciones históricas a bodas civiles.

Iglesia de Santa María la Mayor

Finalizamos nuestro viaje al municipio campurriano visitando la iglesia de Santa María La Mayor, uno de los más ilustres ejemplos de arquitectura religiosa de estilo románico en Cantabria y cuyo interior alberga desde el año 2005 el Centro de Interpretación del Románico.

Este templo, situado en la localidad de Villacantid, data del siglo XII y está catalogada como Bien de Interés Cultural, en cuyo interior podemos encontrar información visual y documental con una faceta recreativa e interactiva para introducir a los visitantes en las claves del estilo artístico y le anima a manipular reproducciones y recursos del centro, a ensayar las técnicas constructivas, a jugar con los elementos artísticos y a interactuar con imágenes del románico.

La intensa nevada no nos permitió poder visitar más a fondo el municipio, pero nos dejó unos preciosos paisajes bajo el manto de la nieve.

Además, el frio fue la excusa perfecta para calentar el cuerpo con uno de los platos más característicos de la gastronomía campurriana, una buena olla ferroviaria con la que entrar en calor y reponer fuerzas para seguir nuestra aventura descubriendo Cantabria.

Lee aquí nuestra edición de diciembre

Por Adrián Rozas

Director de Vivir en Cantabria Oriental

Diseñador, fotógrafo y periodista.

Apasionado de Cantabria y su belleza.

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La Vijanera de Silió, una de las tradiciones más antiguas de Europa

La Vijanera de Silió, una de las tradiciones más antiguas de Europa

enero 4, 2025

En Cantabria podemos presumir de contar con tradiciones ancestrales y muy arraigadas en nuestra cultura, pero hay una cuyos orígenes se pierden en el tiempo para convertirla en una de las festividades más antiguas de Europa, la Vijanera de Silió, declarada como Fiesta de Interés Turístico Nacional y como Bien de Interés Cultural Etnográfico Inmaterial.

Todos las fotos para elaborar este reportaje han sido tomadas de www.vijanera.com

La Vijanera de Silió es una de las tradiciones más antiguas no sólo de Cantabria, si no de Europa, siendo una mascarada en la que participan alrededor de 75 personajes diferentes, los cuales son encarnados por más de 160 vecinos. En esta fiesta se representa el deseo de desterrar el año pasado y preparar el camino al entrante para que comience con ilusión y buenos augurios, para lo cual, la comitiva disfrazada tiene como objetivo expulsar a los malos espíritus hasta los límites del pueblo.

La fiesta se celebra el primer domingo del año, salvo que este coincida con el Año Nuevo. Este año, tendrá lugar el domingo 5 de enero.

La fiesta dará comienzo bien temprano, con los más jóvenes, quienes inician el rito en torno a las 6 de la mañana, aun con la oscuridad, comenzando a tocar sus campanos mientras recorren el pueblo despertando a los vecinos y anunciado el comienzo de la fiesta.

Una vez amanece, se establece el centro neurálgico de la fiesta en las escuelas, donde comienzan a llegar los vecinos para organizarse mientras los cohetes terminan de despertar a aquellos que aún no lo habían hecho y la comitiva comienza su marcha desde este y otros lugares del pueblo, conduciendo al público hasta el parque de la colina, donde aparecen el resto de personajes.

A partir de ese momento, los vecinos comienzan a recorrer distintos puntos de la localidad hasta reunirse toda la comitiva para realizar “la captura del Oso” y marchar hacia el otro extremo del pueblo, donde se escenifica “la defensa de la raya” en el límite con el barrio de Santián, perteneciente a la junta de San Martín de Quevedo. En la raya se hacen alardes de fuerza y vistosidad y el personaje Danzarín Negro hace sonar su cuerno, pidiendo a los vijaneros que decidan si habrá guerra o paz. Esto es un recuerdo a los tiempos en que ambos pueblos celebraban su Vijanera y, al juntarse en el los límites municipales, muchas veces derivaba en un conflicto.

A continuación, se regresa a la campa junto a las escuelas, donde se leen las coplas que cuentan, de forma satírica, los diferentes sucesos del año y se pide “la voluntad” a los asistentes.

Una vez finalizada de lectura de estas coplas, se lleva a cabo “el parto de la preñá”, que representa el nacimiento del nuevo año, el cambio de ciclo y una especia de augurio en función de lo complicado que sea dicho alumbramiento, que concluirá con el nacimiento de un animal que varía cada año.

Finalmente, en la plaza de la iglesia, se dará muerte al Oso, tras ser fustigado mientras los asistentes danzan a su alrededor. Una vez muerta, la fiera cae al suelo y los zarramacos ponen sus porras sobre ella, simbolizando así la victoria sobre el mal. Según la tradición, mediante este rito no solo se protegía a los ganados, sino que también se aseguraba la supervivencia del grupo, alejándose los malos espíritus y liberando las almas de los muertos.

Tras esto, los vijaneros se dirigen a los bares para reponer fuerzas y continuar la fiesta lo que resta de jornada, con diferentes actuaciones, coplas y canciones.

Debido a su popularidad y tradición, la Vijanera está declarada como Fiesta de Interés Turístico Nacional y como Bien de Interés Cultural Etnográfico Inmaterial. La fiesta cuenta con otros honores, como la exposición de un traje de zarramaco en el Museo del Carnaval, en Holanda, y el apoyo de la Fundación Oso Pardo, al ser el único carnaval de invierno que aún mantiene a este animal tan importante en nuestra cultura. La Vijanera de Silió también ha desfilado por las calles de Lisboa con motivo de la IV edición del Desfile de Máscara Ibérica, celebrado en la ciudad portuguesa en 2009.

 

Historia

Originalmente, La Vijanera se festejaba en los valles de Iguña, Anievas, Toranzo, Cieza, Luena y Cinco Villas, pero, en la actualidad, la única localidad de Cantabria donde se sigue llevando a cabo esta tradición como tal es Silió, en Molledo, la cual se celebra el primer domingo del año, salvo que coincida con Año Nuevo. En otras zonas como Campoo, Liébana, Soba y Polaciones también existieron mascaradas similares.

Los orígenes de esta fiesta son inciertos debido a su gran antigüedad, compartiendo similitudes con otras mascaradas del resto de Europa, especialmente en las zonas de poca romanización.

En la península, estas tradiciones se encuentran generalmente en zonas de montaña, donde los antiguos cultos paganos relacionados con la naturaleza pudieron sobrevivir más tiempo. Sabemos también que, en las regiones de origen o influencia celta, como es el caso de Cantabria, eran frecuentes las mascaradas, en las que los participantes se disfrazaban de animales como ciervos, cabras o bueyes.

Algunos rasgos de este rito del solsticio de invierno, que originalmente se celebraba el 31 de diciembre, aparecen en las calendas de enero romanas, que coincidían desde el 153 a. C. con el inicio del año. A esta se la llamaba ianuaria o Kalendae Ianuariae y estaban dedicadas al dios Jano, pudiendo ser este el origen de la palabra Vijanera. Esta celebración primitiva tenía probablemente un origen pastoril, pues Jano era el dios protector de los rebaños.

La Vijanera comparte, además, muchas similitudes tanto en el desarrollo de la fiesta como en sus personajes con otras festividades de varias partes de Europa y, por supuesto, de España, donde existen otras mascaradas muy parecidas, especialmente en Navarra y Euskadi, siendo sus personajes llamados Zanpantzar prácticamente iguales a los zarramacos cántabros.

Hoy en día conocemos la importancia que tuvo la Vijanera y estas otras mascaradas similares sobre todo gracias a los escritos medievales de varios religiosos, como San Paciano, obispo de Barcelona (s.IV) o San Isidoro de Sevilla (s.VII), quienes denunciaron y trataron de acabar con estas prácticas paganas en la península.

Estas fiestas fueron muy populares hasta comienzos del s. XX, celebrándose en los valles de Iguña, Anievas, Cieza, Cinco Villas, Luena y Toranzo, siendo el documento más antiguo que constata la celebración de Vijaneras el correspondiente a la Vijanera de Silió, fechado en 1849.

En 1937, esta fiesta popular fue prohibida por el Franquismo, no volviendo a ser retomada hasta finales de los 70 con el regreso de la democracia y ya únicamente en la localidad de Silió, gracias a un grupo de jóvenes del valle, que decidieron recuperar aquella tradición que ya solo conocían a través de los relatos de sus mayores.

En el verano de 1981 se llevó a cabo la primera Vijanera moderna, aún sin muchos de los rasgos característicos que hoy conocemos, pero 5 meses después, ya en 1982, llegó a Silió para quedarse hasta nuestros días.

Personajes

La fiesta cuenta con la participación de cerca de 75 personajes encarnados por más de 160 vecinos, conviviendo los trajes más arcaicos con otros de profesiones de comienzos del siglo XX. Los principales personajes son:

  • Los Danzarines Blancos, que visten de blanco con faja roja y cascabeles a la cintura que mueven al realizar sus saltos y piruetas. Son los encargados de abrir la comitiva.
  • Los Danzarines Negro o Zorromocos, que visten un traje de saco cubierto de «garabojos» (mazorcas de maíz desgranadas) y que se encargan de hacer sonar el cuerno para pedir “guerra o paz” y dirigir el acto de la raya.
  • El Saquero, quien se encarga de llevar lo obtenido de las limosnas que dan los vecinos. Viste ropas viejas remendadas y un saco al hombro, dirigiendo la parte delantera de la comitiva.
  • La Madama, el Mancebo y el Marquesito. La primera, también conocida como la novia, viste traje blanco adornado con flores y lazos, mientras que el segundo, el novio, lleva traje negro con chistera. Por su parte, el Marquesito es un niño vestido de general con sombrero napoleónico.
  • Los Zarramacos,  encargados de ahuyentar los malos espíritus con el estruendo de sus campanos. Llevan los rostros pintados de negro y van ataviados con pieles de oveja a los que atan sus campanos, 4 delante y 4 detrás, y, en la cabeza, un cucurucho negro lleno de cascabeles y rosetones coronado con crin de caballo.
  • El Viejo y la Vieja, que representan el paso del tiempo, llevando en algunas vijaneras un niño recién nacido a cuestas. En contraposición a la Madama y el Mancebo, sus estatus son bajo y su estancia en esta vida corta. Simbolizan el año anterior y como el paso del tiempo lleva a una muerte necesaria, tanto en la naturaleza como para las personas.
  • La Zorra, personaje que representa el mal y viste una careta que imita un hocico de zorro, abrigo y un sombrero de copa parcheados con remiendos coloridos.
  • El Zorrocloco, que lleva el sombrero y el pecho cubierto con pieles, ligeramente tapado con una chaqueta vieja, vistiendo también medias y, en ocasiones, un cesto con huevos de gallina.
  • El Oso, símbolo del mal que se zarandea cubierto con pieles de oveja, mientras el Amo intenta controlarlo. El Oso guardaba el alma de los difuntos y, si al asomarse en su cueva veía todo oscuro, salía y las soltaba, de lo contrario, invernaba 40 días más, por lo que se prolongaba el invierno. Por esa razón, los encargados de sacar al oso de su guarida llevan su rostro ennegrecido para que el animal perciba el exterior lo más oscuro posible y salga.
  • Las Gorilonas, hechas con piel de caballo que son conducidas por el Húngaro, el cual las somete y las hace bailar para regocijo del público.
  • La Bruja y la Zíngara, que llevan caretas amenazadoras. La primera representa el mal, mientras que la segunda posee capacidades adivinatorias.
  • La Preñá, el Marido y el Médico,  encargados de escenificar el parto para que la Preñá de a luz cada año un animal, simbolizando el nuevo año.
  • Trapajeros, ataviados con tiras de trapos, máscara y un palo cubierto de las mismas telas, que embadurnan en los charcos para salpicar a los vecinos y visitantes.
  • Trapajones, vestidos con trajes confeccionados con elementos naturales como musgo, hiedra, paja o maíz y cortezas de distintos árboles.
  • Gilonas, vestidos con ropas viejas y caretas amenazadoras.
  • La Giralda, un gigante de cuatro metros con rostro amenazador.
  • El Ojáncanu, un personaje de la mitología cántabra cuya representación intenta atemorizar al pueblo y cuya presencia se encuentra también documentada en las Vijaneras antiguas.
  • La Pepa, mozo enmascarado que simula cabalgar sobre una mujer vieja, portando un palo del que cuelga una vejiga. Representan el paso del tiempo, así como el año viejo que muere. Existe otro personaje similar, el Caballero, muy parecido pero que simula cabalgar a lomos de un caballo.

Además de estos tradicionales personajes, existen otros muchos, que representan diferentes figuras sociales, como el Indiano, los Gitanos, los Pasiegos, así como profesiones y oficios, como el Médico y enfermeros, Sacamuelas, Fotógrafo, Afilador, Basar, Guardias Civiles, todos ellos realizando distintas funciones   durante esta jornada festiva. 

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Por Adrián Rozas

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Ruente y el misterio de la Fuentona

Ruente y el misterio de la Fuentona

noviembre 24, 2024

En esta nueva edición de Descubriendo Cantabria nos adentramos en el valle de Cabuérniga para conocer Ruente, su famosa Fuentona y la leyenda de la Anjana que la habita.

Fotos: Vivir en Cantabria Oriental

Retomamos un mes más nuestro periplo por Cantabria para descubrir a nuestros lectores de las comarcar orientales algunos de los municipios más bonitos de nuestra tierruca. En esta ocasión, nuestros pasos nos llevan hasta el valle de Cabuérniga, concretamente a Ruente, un precioso municipio rodeado de naturaleza y salpicado por antiguas casonas de piedra que nos transportan a la maravillosa esencia rural de Cantabria.

Este municipio se encuentra en plena comarca de Saja-Nansa, siendo compuesto por la localidades de Ucieda, Ruente, Barcenillas y Lamiña y formando parte del parque natural de Saja-Besaya.

Nada más entrar en el término municipal, nuestra vista se va a los bordes de la carretera, donde encontramos un gran paisaje dominado por montes, bosques y las brañas donde el ganado pasta. Este entorno natural pasa brevemente a un segundo plano con la aparición del gran patrimonio arquitectónico de Ruente, compuesto por construcciones y casas de estilo renacentista, gótico y neoclásico, así como las típicas casonas montañesas, predominantes en el lugar.

Llegamos entonces a la localidad homónima y capital del municipio, para dirigirnos al que seguramente es su punto de mayor interés, la Fuentona de Ruente.

 

La Fuentona

Nada más aparcar, nos encontramos con el famoso  puente medieval de nueve arcos que preside el entorno y del que se dice, formaba parte del camino que atravesaba el valle en dirección a Reinosa, por el que los colonos cántabros pasaban a Castilla durante la Reconquista.

Cruzando el puente, tras detenernos en el Humilladero, seguimos el cauce del arroyo, en un paseo que es una auténtica maravilla, rodeados de árboles y donde impera el silencio y la tranquilidad, que sólo se ven rotos por el murmullo del agua y de algún ave silvestre, llegamos hasta su nacimiento, la Fuentona.

La Fuentona es el nacimiento del río que lleva su nombre y va a desembocar al Saja, una surgencia natural de origen cárstico, catalogada como punto de interés geológico.

Su peculiaridad reside en que, pese a su gran caudal, muy de vez en cuando, el agua deja de manar durante un par de horas, tras lo cual, vuelve a reaparecer con la misma fuerza. Este fenómeno, que ha dado origen a leyendas, no tiene aún una explicación, aunque la hipótesis más extendida sugiere que podría deberse a la existencia de un sistema de vasos comunicantes que darían lugar a las variaciones repentinas de caudal.

La Anjana de la Fuentona de Ruente

 Cuentan las leyendas que en el interior de la gruta de la Fuentona de Ruente habita una Anjana, un ser feérico de la mitología cántabra, la cual es responsable de las misteriosas desapariciones del agua.

 Estos seres mitológicos se representan en la tradición y folklore de Cantabria como una mujeres de pálida piel y larga melena, cuyos cabellos suelen  recoger en trenzas adornadas con lazos y cintas de seda y luciendo coronas de flores silvestres. Visten capas azules sobre túnicas blancas, soliendo portar varas de fresno o espino.

 Las anjanas son seres bondadosos, que se presentan para ayudar a los necesitados y a los caminantes perdidos, siendo las enemigas naturales de las criaturas malvadas como el ojáncano y la ojáncana. A veces se acercan a los pueblos, donde dejan regalos en las puertas de los que han hecho el bien, además de acudir en socorro de estos cuando se les pide ayuda.

 Habitan las fuentes y los ríos, como la de Ruente, pues entre sus cuevas y torcas ocultan enormes palacios subterráneos, en los cuales se dice que ocultan grandes tesoros y gustan de pasear por las sendas de los bosques cercanos a estas. En el caso de la Fuentona de Ruente, se dice que la Anjana que habita en la gruta es guardiana de un antiguo tesoro, el cual fue en su día propiedad de los Caballeros Templarios.

 Estos personajes de la mitología cántabra, así como la leyenda de la Anjana de Ruente, ganaron gran popularidad a principios del s.XX gracias a escritores y divulgadores de la mitología de Cantabria como Manuel Llano y Juan Sierra Pando, cuyo relato “La Anjana y el Sevillano” es una de la historias más importantes en torno a este mito.

Barrios y Monte Aá

Tras una agradable paseo en el entorno de la Fuentona, damos marcha atrás para proseguir visitando los barrios de Monasterio y Gismana, en el acceso a Ucieda, y donde nos encontramos con las típicas casas llanas renacentistas y finalizamos la mañana en el restaurante La Nogalea, donde recuperamos fuerzas degustando un buen cocido montañés.

Y es que el municipio ha hecho de este plato tan típico de Cantabria el buque insignia de su gastronomía, celebrando cada primer domingo de septiembre la fiesta del Cocido Montañés, declarada de Interés Turístico Regional.

Ya por la tarde y con el estomago lleno, proseguimos la ruta para visitar algunos de los edificios más emblemáticos del municipio, como la Iglesia de la Magdalena, con su espadaña a la que se accede por una escalera; el Palacio de Mier, declarado Bien de Interés Cultura; y el robledal de Monte Aá, donde se encuentran los robles más antiguos de España.

Historia

 Lo que sabemos de Ruente antes de su constitución oficial como municipio, en la primera mitad del s.XIX, es que se trataba de una zona poco influenciada por romanos y visigodos, ya que su relieve lo convertía en una zona de escaso interés para estos pueblos. Esto se tradujo en que hasta la Alta Edad Media los habitantes de la zona, dedicados principalmente a la caza, la agricultura y el pastoreo, siguiesen usando los antiguos sistemas de tribus y clanes.

 En el año 1085 aparece la primera mención al monasterio de Santa María de Ucieda, actual Santa María de Ruente y, ya con el feudalismo, los habitantes de toda la zona de Cabuérniga rendirían vasallaje a la casa de la Vega, que llevaría a los vecinos de Ucieda a sumarse a un pleito junto con otros pueblos vecinos en contra estos señores en 1440, que perderían y por el que habrían de soportar grandes cargas fiscales de los Marqueses de Santillana.

 Esto desembocaría en el conocido como Pleito de los Nueve Valles, en la que lograron alcanzar la condición de realengo y formando entonces la Provincia de los Nueve Valles. Desde 1630, por concesión de Felipe IV, estos pudieron nombrar sus propios alcaldes.

 Ya en 1743, Ruente forma, junto a los otros concejos de Cabuérniga, Los Tojos y varios pueblos del marquesado de Campoo de Suso, una mancomunidad para uso y aprovechamiento de los montes públicos y terreno deslindado y, en septiembre de 1819, se celebra la primeria feria de ganado anual en Ruente.

 Entre 1821 y 1842 los concejos de Ruente, Ucieda y Barcenillas forman el Ayuntamiento de Ruente, estableciéndose la base para el actual municipio.

 

Tras un gran día visitando uno de los municipios más bonitos de Cantabria, ponemos rumbo a casa, despidiéndonos hasta nuestro próximo viaje para seguir descubriendo Cantabria.

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La Magosta. Una tradición milenaria

La Magosta. Una tradición milenaria

noviembre 11, 2024

Llega noviembre y con él las últimas luces de la tarde cada vez se despiden más temprano, los días se acortan y el pardo tiñe los árboles, que van sembrando las aceras con un manto de hojas ahora mortecinas.


Con la fría brisa del véspero, llega a Cantabria un aroma familiar que se entremezcla con el del leño ardiente. Las castañas comienzan a ser asadas y los cántabros se preparan para celebrar una de sus tradiciones más ancestrales: la Magosta.

La Magoste tiene sus orígenes en los antiguos pueblos celtas, careciendo una fecha exacta, pues suele celebrarse en los últimos días de octubre y se extiende hasta noviembre, estando estrechamente vinculada con la recolección de la cosecha de castañas.

Su nombre viene del magosto (Magnus Ustus, gran fuego), la hoguera que tradicionalmente se preparaba en los pueblos para asar este fruto y en torno a la cual se reunían los vecinos para compartirlas, maridadas con algún vino nuevo, sidra u orujo recién destilados después de las vendimias.

En sus arcaicos orígenes, estas celebraciones estaban estrechamente relacionadas con los cultos a los difuntos, primero Samuín y luego Todos los Santos, pudiendo ser esta la antecesora de la actual costumbre anglosajona de los dulces en Halloween. De hecho, es común en algunas zonas que las castañas que se comían iban ligadas a las almas que se quería rescatar del purgatorio, mientras que, según otras costumbres, al finalizar la Magosta, las castañas restantes se tiraban al suelo como alimento para los difuntos.

Y es que desde el paleolítico los seres humanos se alimentaron de castañas y bellotas, siendo ya en época celta y romana uno de los alimentos que constituían la base de la alimentación de las poblaciones, como fruto fresco, seco o molido para hacer harina. Desde finales del siglo XVIII, la proliferación del maíz y la patata llegada de América hicieron que las castañas perdieran su protagonismo en la alimentación rural de Cantabria.
El castaño era un árbol muy común en nuestra región, siendo una buena fuente de ingresos para los habitantes de las zonas rurales, que vendían tanto sus frutos como su madera, muy apreciada por ebanistas y carpinteros. Dentro del catálogo de los árboles singulares de Cantabria destacan varios castaños, algunos de ellos milenarios, como La Narezona de Ojedo, o centenarios, como El Bisonte de Pesaguero. En nuestras comarcas orientales también encontramos algunos ejemplares de gran renombre, como el Castañón de los Venero, en Castillo, y el Rioz, en Sobremazas, Medio Cudeyo.

En estos meses otoñales de octubre y noviembre, los frutos de los grandes castaños de Cantabria son recolectados por los templados y húmedos vientos del ábrego, viento del suroeste, también conocido como “viento de castañas”, que los hacen caer de las altas copas de los árboles.

Es entonces cuando la castaña se convertía el gran botín para los jóvenes de nuestros pueblos. Muchos de nuestros mayores (y no tan mayores) aun guardan recuerdos de su juventud en estos meses otoñales en los que, al amparo del calor del tardíu cántabro, hacían largas caminatas por los castañales para “apañar” castañas, que se recogían del suelo sueltas o envueltas en su “erizo”, también llamado orizu, horcinu o burizu.

Muchas no llegaban a casa, pues era un manjar al que difícilmente se podía uno resistir, por lo que se comía in situ. Las que lograban llegar al hogar se guardaban en el desván, con excepción de que las que aún estaban verdes, que se amontonaban a parte para que madurasen. Por supuesto, ese día de recolección tocaba que cenar castañas, cocinadas por las abuelas en aquellas antiguas cocinas de leña que muchos aun hemos conocido.

Aquí, las castañas se clasificaban en errinas, pequeñas pero muy sabrosas; escalentías y mayucas, las más tempranas y que antes maduran; verdejas, las más tardías; las berruecas, de gran tamaño; y las mendrucas, las más grandes.

Las castañas para la celebración de la Magostan eran recolectadas o compradas a escote por los mozos del pueblo, que, posteriormente, las llevaban a algún “prau”, donde se colocaban, con una incisión de cuchillo para que no saltasen, sobre unos troncos cruzados y una capa de helechos trenzada de forma gruesa. Sobre esta, se iban colocando sucesivamente nuevas capa de rozo con helecho y castañas hasta que estas se agotasen, formando una torre. En algunas zonas de nuestra región, para asar las castañas se usaba un cilindro metálico con agujeros en su base, llamado tamboril.

Tamboril

Mientras los frutos se asaban, los mayores del pueblo aprovechaban a contar cuentos a los más pequeños, se cantaban canciones populares al son del pitu y tambor y los mozos jóvenes solían tiznarse la cara con los restos de los leños quemados y saltar las hogueras, pues se decía que traía buena fortuna.

Una vez listas, se retiraban de la lumbre y se tapaban para hacerlas sudar. Ya enfriadas, se repartían entre los vecinos, siendo los primeros en recibir su ración los miembros de los concejos y seguidos por los mayores del pueblo para continuar el reparto en orden de edad.

Tras el festín de castañas, la Magosta llegaba a su fin con la tradición de “enterrar a la bruja”, en la que la bruja, representada por la castaña más ruin, se enterraba a palos bajo las cenizas de la hoguera aún humeante. Esta tradición, fruto de la superstición popular, se hacía con el fin de prevenir maleficios y otros males durante el año venidero.

El emblemático puesto de castañas asadas de Santander.

Por Adrián Rozas

Director de Vivir en Cantabria Oriental

Diseñador, fotógrafo y periodista.

Apasionado de Cantabria y su belleza.

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Los mejores lugares para pasar miedo este Halloween en Cantabria

Los mejores lugares para pasar miedo este Halloween en Cantabria

octubre 25, 2024

En este mes de Halloween viajamos por varios municipios de Cantabria para descubrir algunos misteriosos y aterradores lugares de nuestra región que, si bien no están “embrujados”, podrían ser (y algunos han sido) el escenario de una película de terror.

Cementerio de Comillas

La primera parada en este viaje sería toda una delicia para autores como Edgar Allan Poe. Se trata del Cementerio de Comillas y sus ruinas góticas.

Historias de terror a parte, el lugar es una auténtica obra de arte digna de visitar, ya que sus imponentes mausoleos, lápidas ornamentadas y esculturas son dignas de un museo. Vigilando desde lo más alto de este cementerio, sobre lo que queda del transepto de la antigua iglesia del siglo XVI, se encuentra la imponente y gigantesca escultura del Ángel Exterminador, obra de Josep Llimona.

Este cementerio se ubica en los terrenos de una antigua Iglesia gótica del S. XVI, la cual fue abandonada tras un incidente durante la misa del domingo varios vecinos y el administrador del duque del Infantado, tras lo cual cayó en desuso. Con el paso del tiempo, la antigua parroquia fue reutilizada como cementerio, ampliándose posteriormente de la mano del arquitecto modernista Lluís Domènech i Montaner, en 1893.

 

Palacio de Sobrellano

Siguiendo con Comillas, la siguiente parada es el palacio de Sobrellano, también conocido como palacio del marqués de Comillas, construido por el arquitecto Joan Martorell en 1888.

Este imponente palacio es conocido por su aparición en múltiples películas de terror y misterio, como La Residencia; Vera, un cuento cruel; Sexykiller; o La Herencia Valdemar.

Como curiosidad cabe decir que fue el primer edificio de España en utilizar la luz eléctrica, ya que el primer marqués de Comillas la mandó instalar con motivo de una de las visitas del entonces rey Alfonso XII.

Museo de la Tortura

De Comillas ponemos rumbo hacia Santillana del Mar, donde encontramos uno de los museos más peculiares y terroríficos que cabe imaginar, el Museo de la Tortura y la Inquisición.

Esta peculiar galería cuenta en exposición con multitud de artilugios utilizados a lo largo de la historia para infligir dolor y tormento. Entre esta pintoresca colección podemos encontrar desde elementos conocidos como la guillotina, el potro o el garrote vil a otros más curiosos como la Doncella de Hierro, sillones de pinchos o utensilios de desollación.  Una macabra pinacoteca del dolor que no dejará indiferente a ningún visitante.

Palacio de los Hornillos

Tras salir de Santillana nos dirigimos a Las Fraguas, en el municipio de Arenas de Iguña, al que quizás sea el lugar más conocido de esta lista: el Palacio de los Hornillos.

Si aun así sigue sin sonarte, te diré que se trata de la escalofriante casa de estilo neogótico donde transcurría la película Los Otros, del director Alejandro Amenábar.

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Aunque fuera del cine no da tanto miedo, este edificio sigue siendo una autentica maravilla y una obra del estilo artístico conocido como pintoresquista inglés, el cual se basa en la arquitectura rústica medieval inglesa y que fue construido para el duque de Santo Mauro, Mariano Fernández de Henestrosa, jefe de palacio de Alfonso XIII, rey que usó el palacio como residencia veraniega hasta la construcción del Palacio de la Magdalena, el cual tiene muchas influencias de este.

Túnel de la Engaña

Nuestro siguiente destino se encuentra en los límites de Cantabria y Burgos. Se trata del Túnel de la Engaña, un largo túnel ferroviario de casi 7.000 metros de longitud que nunca llegó a ser utilizado.

Lo macabro de la historia de este túnel reside en su construcción, ya que en ella trabajaron cientos de personas durante dos décadas, muchas de ellas represaliados de la dictadura franquista que se vieron obligados a participar de forma forzosa en su construcción, lo que en décadas posteriores provocase la aparición de relatos y leyendas urbanas sobre fantasmas en su interior.

Tras terminarse las obras sin concluirse, el túnel se transformó en curioso punto turístico más, hasta que en 1999 un gran desprendimiento lo bloqueó. Debido a este y otros derrumbes posteriores, hoy es posible acceder al interior por cualquiera de los extremos, pero no existe forma de entrar por un lado y salir por otro.

Isla de Pedrosa

Ya con últimas luces del sol, acudimos a por el plato fuerte de este recorrido, la Isla de Pedrosa, en plena Bahía de Santander.

Y es que este lugar tiene todos los elementos para ser el escenario de una película de terror, ya que es una pequeña isla a la que solo se puede acceder por un puente, cubierta por un oscuro bosque y en cuyo interior se encuentra un antiguo sanatorio del s.XIX, del cual investigadores paranormales afirman que está habitado por fantasmas.

En este lazareto se mantenían en cuarentena a las tripulaciones de los buques afectadas por enfermedades tropicales, convirtiéndose con el paso de los años en un sanatorio para enfermedades como la tuberculosis.

La isla cuenta con caminos y senderos para poder ser visitada, aunque si eres de los que se asusta fácilmente no te recomiendo hacerlo con poca luz, ya que te sentirás como en el set de rodaje de una película de terror. El teatro en ruinas es mi sitio favorito de la isla y el lugar que más recomiendo visitar, tanto por lo macabro que resulta como por las fabulosas vistas de la Bahía de Santander que podrás contemplar desde el embarcadero.

Aunque no hemos podido encontrar ningún fantasma ni suceso paranormal durante el recorrido, animamos enérgicamente a conocer estos lugares tan espectaculares de nuestra tierra y a regresar a estas páginas el mes que viene para seguir descubriendo Cantabria.

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